miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Tortuga y el Conejo

Había una vez una tortuga y un conejo que vivían felices en un bosque lleno de animales.

El conejo era conocido por su rapidez, tanto de alegría, como de pena, así como por la capacidad de desplazarse. Era un fiel aventurero, alma joven y de pensamientos voraces pero incapaces.

La tortuga era vieja, tanto que todos los animales del bosque la conocían tal como era desde siempre, sin pensar que, a lo mejor, ella nunca había cambiado. Era lenta de movimiento y de divertimiento. No le gustaba la chanza y disfrutaba de una buena estancia. No obstante, era alegre y sus consejos los más celebres.

Un día el conejo andaba aburrido, sus amigos se habían ido, no sabía a donde, o puede que él, yendo demasiado rápido, los había perdido. Entonces, se encontró con la tortuga, a quien no le gustaba las prisas del conejo, por eso intentó esquivarlo, pero maldijo su lentitud en este caso. El conejo la saludó y ella contestó, más no sabiendo que decirse luego ella rápidamente, cosa extraña, se despidió. En eso, el conejo tuvo una idea, que le pareció graciosa y muy buena. A la tortuga retó a una carrera y ella, que no creía lo que sus orejas oían, se negó y comenzó a irse. Pero el conejo, con ganas y pesadez, le insistió. De aquí a la piedra mágica, mis amigos puede que estén allí y serán testigos del vencedor. La tortuga le demandó que como quería que le ganara. Vamos ya, tienes posibilidades, insistió el conejo. Que te piensas, que esto es como el cuento, le reprochó la tortuga. Que yo te ganaré en la carrera porque tu eres un gandul y arrogante, continuó ella. No sueñes, ni te creas todo lo que dicen, pues tu no eres gandul, simplemente no te gusta trabajar para otros, pero yo nunca he visto nadie que haga tantas cosas en un día, ni siquiera yo hago tantas. Tampoco eres un creido, sino que tu carácter gracioso te da seguridad. Así que ahora dejame en paz, con mi lentitud. Mira allí están tus amigos, ves con ellos a jugar y di a todos que esta noche os invito a cenar.

Jugando el día transcurrió y por la noche, en casa de la tortuga, un festín se organizó. La juerga acabó con un cuento donde la tortuga comenzó diciendo que era la historia de un conejo y de una tortuga que nunca disputaron una carrera y, sin embargo, luego durante decenas de años se juntaron para la cena.

5 comentarios:

  1. Está bien que animales con características tan diferentes sean capaces de entablar un diálogo y terminar cenando juntos. Me atrae de la tortuga su experiencia y del conejo, su juventud y su alma de aventurero. Estoy a mitad de camino entre ambos.

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  2. Muy bueno el enfoque que le has dado al asunto. La tortuga era sensata y conocía bien sus limitaciones y enseñó al conejo a comportarse. Aceptada la verdad, puede nacer una amistad. Eso creo.

    Saludos cordiales

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  3. gracias por vuestros comentarios, me alegro que os haya gustado tanto.

    Si ves Joselu, creo que la tortuga, de hecho, esta entre ambos también, pues aunque ya tiene mucha existencia vivida, le gusta rodearse con gente joven para seguir aprendiendo, y aunque es lenta para ello, el conejor con su rapidez le ha animado.

    Como dice Franziska, una vez que aceptamos nuestras limitaciones, y sabemos comprender las vicisitudes y limitaciones de los demas, todo es mucho mas facil y con sinceridad y respeto, viva la amistad.

    saludos a los tres

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  4. Somos nos comportamos como la tortuga o el conejo... según las circunstancias.

    Saludos.

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